La memoria, un derecho y herramienta de lucha

El siguiente es el mensaje de Magda Ruiz, presidenta de la Corporación Sitio de Memoria Colón 636 con ocasión de la actividad convocada por la CUT Magallanes para conmemorar el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Punta Arenas, 1 de mayo, 2026.

Compañeras y compañeros,

Hoy no solo nos reunimos para recordar, sino para reafirmar.

Como Corporación Sitio de Memoria Colón 636 queremos reafirmar que el trabajo es un derecho humano fundamental, que no ha sido regalado ni concedido, sino conquistado con lucha, organización y sacrificio de mujeres y hombres que nos precedieron. Cada derecho que hoy defendemos; la jornada laboral, el salario digno, la seguridad social, está escrito con sangre, esfuerzo colectivo, con la convicción profunda de que la dignidad no se negocia.

El primero de mayo no es una fecha simbólica vacía. Es memoria viva. Es historia de resistencia. Es el eco de quienes se atrevieron a decir basta frente a la explotación, frente a la injusticia, frente a un sistema que intentó reducir la vida a mercancía. Y es también un compromiso con el presente y con el futuro.

Porque hoy, compañeras y compañeros, enfrentamos un escenario complejo, un escenario que no podemos ignorar. Vemos cómo los derechos sociales, que tanto costó conquistar, son puestos en duda, relativizados, e incluso amenazados. Se intenta instalar la idea de que lo colectivo es un obstáculo, que el Estado debe retirarse, reducirse, achicarse… dicen… que cada cual debe arreglárselas por su cuenta. Esa lógica no es nueva, pero sí profundamente peligrosa.

Y junto con ello, denunciamos con fuerza la intención de eliminar la Subsecretaría de Derechos Humanos, una señal grave que apunta directamente al debilitamiento institucional en la defensa y promoción de los derechos fundamentales en nuestro país.

Pero hay algo aún más grave, más profundo, más inquietante: no solo están en riesgo nuestros derechos presentes, también quieren borrar nuestra memoria. Porque cuando se recorta el presupuesto al Plan de Búsqueda, cuando se debilitan los sitios de memoria, cuando se golpea al Programa de Reparación Integral de Salud (PRAIS), cuando se reducen las becas Valech, no estamos frente a simples decisiones administrativas. En el caso del Plan de Búsqueda, lo más grave ha sido su descabezamiento, al apartar a quienes dirigían las distintas líneas de trabajo, afectando seriamente su continuidad y eficacia. Estamos frente a una intención política clara: borrar de un plumazo la historia, silenciar las huellas, romper el vínculo entre pasado y presente.

Quieren que olvidemos.

Quieren que dejemos de nombrar.

Quieren que la memoria se diluya para que la injusticia avance sin resistencia.

Pero la memoria no es un gasto. La memoria es un derecho. Y también es una herramienta de lucha.

Porque un pueblo sin memoria es un pueblo más fácil de dividir, de confundir, de someter. Y lo saben. Por eso intentan debilitarnos, fragmentarnos, instalando la lógica del sálvese quien pueda, del individualismo, del miedo.

Estamos viendo cómo, en distintas partes del mundo, se aplican recetas que debilitan lo público, que reducen derechos, que priorizan el mercado por sobre las personas. Son modelos que buscan desarticular la organización social, fragmentar la solidaridad y debilitar la capacidad de respuesta de los pueblos. Y cuando eso ocurre, quienes más sufren son siempre los mismos: las y los trabajadores, las infancias, las personas mayores, quienes dependen de sistemas de salud, educación y protección social que hoy se intentan erosionar.

No podemos ser indiferentes. No podemos ser ingenuos.

Lo que está en juego no es solo un conjunto de políticas públicas. Lo que está en juego es la forma en que entendemos la vida en sociedad. Es la posibilidad de vivir con dignidad, de acceder a derechos básicos, de construir comunidad. Y también, de defender la verdad frente al olvido.

Frente a este escenario, nuestra respuesta no puede ser el miedo ni la inmovilidad. Nuestra respuesta debe ser la unidad.

Unidad de las y los trabajadores.

Unidad de las organizaciones sociales.

Unidad de las organizaciones de base.

Unidad de los movimientos de derechos humanos.

Porque si algo nos enseña la historia es que cuando el pueblo se fragmenta, retrocede. Pero cuando se une, avanza.

Hoy más que nunca necesitamos fortalecer nuestros lazos. Cuidarnos entre nosotras y nosotros. Estar atentos, informados, conscientes. Las estrategias para debilitarnos han existido siempre: la desinformación, la distracción, el individualismo. Nos quieren aislados, desconectados, preocupados solo de lo inmediato, de lo urgente, para que olvidemos lo esencial.

No podemos caer en esa trampa.

Debemos recuperar el valor de lo colectivo. Debemos volver a mirarnos, a reconocernos, a organizarnos. Porque es en el otro, en la otra, donde encontramos fuerza. Es en la comunidad donde se construye la resistencia.

Autocuidarnos también es un acto político. Cuidar a quien está a nuestro lado es una forma de resistir. Preguntarnos cómo está el compañero, cómo está la compañera, no es un gesto menor: es la base de una sociedad distinta, más humana, más justa.

Hoy hacemos un llamado claro: a no bajar los brazos.

A seguir defendiendo el trabajo digno como un derecho humano, no como un privilegio.

A seguir exigiendo condiciones laborales justas.

A seguir levantando la voz frente a cualquier intento de retroceso.

Pero también, a defender con fuerza nuestra memoria. A sostener los espacios que resguardan la verdad. A exigir que nunca más se intente silenciar la historia de nuestro pueblo.

Porque sin memoria no hay justicia.

Y sin justicia, no hay dignidad.

No estamos solos ni solas. Somos parte de una historia larga, de una lucha que ha cruzado generaciones. Y así como resistimos antes, debemos resistir hoy y proyectar esa lucha con más fuerza, con más convicción, con más organización.

Compañeras y compañeros,

Que este primero de mayo no sea solo un acto conmemorativo. Que sea un punto de encuentro, un momento de reflexión, pero sobre todo, un impulso decidido para avanzar, para organizarnos, para luchar.

Que nadie nos arrebate la memoria.

Que nadie nos quite los derechos.

Que nadie nos haga retroceder.

Porque cuando el presente se vuelve difícil, es cuando más firme debe ser nuestra voz.

Somos trabajadoras y trabajadores.

Somos memoria viva que no se borra.

Somos dignidad que no se negocia.

Y somos, compañeras y compañeros, la fuerza colectiva que se levanta, que resiste y que avanza.

¡Arriba las y los que luchan!

¡Arriba la unidad de la clase trabajadora!

¡Arriba la memoria y la dignidad!

Muchas gracias.


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